Cura húmeda VS. cura seca

26-03-2018

La cura de las heridas ha venido siendo una práctica esencial para el ser humano desde el principio de su existencia. La piel es la primera defensa natural que poseemos frente a las agresiones externas producidas por microorganismos, la radiación solar, temperaturas extremas, etc. Es por ello que la sanación de heridas ha sido objeto de estudio desde tiempos inmemoriales y, a día de hoy, continuamos investigando cuál es el método más óptimo de conseguir la cicatrización de estas lesiones.

Tipos de inmunidades

Desde los primeros emplastos, elixires y bálsamos de la antigüedad hasta los apósitos de bioingeniería y terapias avanzadas de nuestros días, se sucedieron muchos años de ensayo-error y puro empirismo que se transmitieron de generación en generación a través de la sabiduría popular, papiros y, más recientemente, por tratados médicos. En la actualidad, disponemos de toda una comunidad científica y en las recomendaciones basadas en la evidencia para guiarnos en esa búsqueda por prestar los cuidados más efectivos en el tratamiento de las heridas.

 

Cura en ambiente húmedo

Uno de los mayores avances en la investigación de la cura de heridas fue el trabajo del doctor George D. Winter. En 1962, demostró que las heridas superficiales cubiertas con una película impermeable epitelizaban más rápidamente que las expuestas al aire libre. La hipótesis de la que partía Winter fue que la epitelización se retrasaba por la costra seca que normalmente se forman en ese tipo de heridas. Si se mantenían cubiertas con un cierto grado de humedad, se prevenía la formación de ésta y se aceleraba el proceso de cicatrización. Gracias a este estudio Winter es considerado el padre de la cura húmeda.

Actualmente disponemos de un gran catálogo de productos que permiten mantener un ambiente húmedo y facilitan el intercambio gaseoso de la herida. Fue destacable el boom de los años 80, donde se desarrollaron los principales apósitos de cura en ambiente húmedo y a día de hoy se continúan investigando sus beneficios y desarrollando productos nuevos.

Cura humedaLa cura en ambiente húmedo (CAH) consiste en mantener el lecho de la herida aislado del exterior proporcionándole un medio semioclusivo y húmedo, con el exudado de la herida en permanente contacto con la misma. Gracias a ello, se consigue mantener un pH levemente ácido (55-6,6), lo que produce un efecto bacteriostático, y una baja tensión de oxígeno en la superficie que estimula la angiogénesis. Además, manteniendo una temperatura y humedad adecuadas se favorecen las reacciones químicas, la migración celular y el desbridamiento de tejido desvitalizado. Todas las cualidades que aporta la CAH son las mismas que las que poseen intrínsecamente las heridas agudas en las primeras etapas de su evolución natural. Los apósitos de CAH están diseñados para mantener en equilibrio la humedad de la lesión, la piel perilesional seca y proteger las úlceras o heridas de las agresiones externas físicas, químicas y bacterianas.

Los efectos de la cura húmeda sobre las heridas son:

  • Fase inflamatoria menos prolongada y menos intensa.
  • Mayor rapidez de proliferación de los queratinocitos, esenciales para formar nuevos tejidos.
  • Acelera e incrementa de la diferenciación temprana de los queratinocitos, mejorando así su función de barrera.
  • Aumenta la proliferación de los fibroblastos.
  • Incrementa síntesis de colágeno.
  • Estimula la angiogénesis.
  • Se previene la inactivación de las células inmunocompetentes que, en caso de secarse el lecho de la herida, morirían.
  • Inicio más temprano de la fase de contracción de la cicatrización.
  • Facilita el desbridamiento autolítico por la conjunción de tres factores: hidratación del lecho de la herida, la fibrinólisis y la acción de las enzimas proteolíticas endógenas sobre los tejidos desvitalizados.

 

El grupo de los apósitos que favorecen la CAH lo conforman los hidrocoloides, espumas, alginatos (fundamentalmente absorbentes), hidrogeles (fundamentalmente hidratante), siliconas y gasas parafinadas (como protectores), apósitos de plata (como antibacterianos), apósitos de carbón activado (como desodorizantes), apósitos de colágeno (como cicatrizante), terapia de presión negativa o sistema de vacío.

 

Cura en ambiente seco

Por el contrario, también existe la cura tradicional o en ambiente seco. Es aquélla que se realiza utilizando apósitos pasivos como: el apósito de gasa, el uso de antisépticos y/o antimicrobianos tópicos, y se aplican de manera diaria o incluso con mayor frecuencia.

Cura secaLa técnica consiste en mantener la herida limpia y seca para prevenir infecciones, aunque se retrase la cicatrización. En este tipo de cura se debe extremar el cuidado en el momento de la retirada del apósito, puesto que los pacientes suelen referirse a esta situación como la más dolorosa de todo el tratamiento. El uso de la cura seca debería reservarse para heridas quirúrgicas por primera intención (aunque la CAH también ha demostrado claros beneficios) o delimitar en zonas desvascularizadas que presenten claros signos de necrosis o gangrena (infección del tejido necrótico). En este último caso, lo que se busca es frenar la esa necrosis para posteriormente realizar la exéresis de las zonas afectadas en el quirófano.

La cura tradicional presenta una serie de inconvenientes:

  • Mayor frecuencia en los cambios de apósito a consecuencia de la escasa capacidad de absorción que presentan los apósitos.
  • Fugas de exudado con la consecuente incomodidad para el paciente y el evidente riesgo de maceración de la piel perilesional.
  • Dolor al retirar el apósito. Los apósitos de gasa quedan adheridos al lecho de la lesión, por lo que al retirarlos no discriminan entre tejidos desvitalizados y las células viables.
  • Incrementan el riesgo de infección: al necesitar mayores cambios de apósito aumenta el riesgo de que la herida entre en contacto con microorganismos potencialmente infecciosos.
  • Mayor riesgo de que se formen ampollas o flictenas. Al no poseer elasticidad, cualquier cambio en la localización de la herida, como el aumento de edema, el apósito puede provocar una fricción contra la piel y que se generen estas lesiones en las zonas de contacto.
  • También pueden aparecer alergias por los adhesivos de los esparadrapos, así como irritación cutánea ante los cambios repetidos de los apósitos.

 

Conclusiones

Diversas revisiones bibliográficas se inclinan a favor de una mayor eficacia de los apósitos basados en CAH frente a los apósitos tradicionales o cura de ambiente seco. Las heridas necesitan un aporte permanente, ininterrumpido y equilibrado de humedad. Si se permite que la herida se seque en cualquiera de los estadios de la cicatrización, las células podrían morir irremediablemente desarrollándose una mayor necrosis e incluso podría producirse una herida más profunda.

Concluciones

Además, muchos estudios demuestran una clara ventaja en la relación coste/efectividad a pesar de que los apósitos de CAH presentan mayor precio unitario. Cuando se considera el precio global por el proceso de cura, en el que se tienen en cuenta otros elementos asociados como: número de curas, tiempo de enfermería, días de hospitalización, ect., el resultado final es un coste inferior frente a la cura con apósitos de gasa.

A continuación, se muestran las ventajas de la cura en ambiente húmedo frente al ambiente seco:

  • Favorecen la cicatrización manteniendo el grado de humedad apropiado.
  • Presentan mayor versatilidad que el apósito de gasa, puesto que dentro de un amplio catálogo de apósitos de CAH podemos encontrar mayor o menor poder absorbente poder antibacteriano, impermeabilidad al agua…
  • Mayor facilidad de uso: aplicación y retirada.
  • Mayor confort para el paciente. Reducción del dolor en las curas. Son más atraumáticos en lo que respecta a la retirada del apósito, puesto que no se adhieren al lecho de la herida. Conservan la herida libre de tejido desvitalizado.
  • Protegen frente a patógenos y partículas extrañas.
  • Menor frecuencia de levantamiento del apósito, con un mayor traumatismo en el lecho de la herida.
  • Todo el catálogo de apósitos de CAH pueden ser útiles para diferentes fases del proceso de la cicatrización y el estado concreto de la lesión (tipo de tejido, exudado, carga bacteriana, localización, piel perilesional, ect.).

 

En términos de eficacia clínica medida por la cicatrización completa de úlceras, no se han encontrado diferencias significativas entre distintas familias de apósitos de cura húmeda. Sin embargo, la cicatrización es un proceso complejo, compuesto por diferentes fases con requerimientos diferentes en cada una de ellas, por lo que la gran variedad de productos de CAH puede cubrir de forma eficaz la mayoría de las necesidades de la herida para cada una de sus diferentes fases. En una misma herida se pueden necesitar distintos apósitos durante la evolución de ésta para lograr su cicatrización definitiva. Como precaución, se debe valorar el nivel y tipo de exudado para logar su manejo adecuado. También se deberán prevenir y solucionar los problemas relacionados con el mismo, como la maceración de la piel perilesional y alteraciones en el lecho de la herida. Para ello se debe elegir el apósito que más se adapte al nivel de exudado en función de su grado de absorción, y, en cuanto a la piel perilesional, secarla y protegerla con productos barrera.

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